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29 de julio de 2013

Tesis, el reconocimiento es fútil

Hola, se que tengo muchas cosas que escribirles antes de postear sobre este tema que aparentemente ni al caso pero a veces así pasa y tan solo quiero sacarlo del pecho...
 

Desde pequeños a la mayoría se nos condiciona a recibir recompensas por hacer, lo que de hecho debemos hacer, algo así como, propinas de la vida cotidiana.

La estrellita en la frente, el dinero en domingo, el premio por una buena calificación, el regalo de navidad por según portarse bien, el cuadro de honor, etc., cosas que nos condicionan y de a poco nos convencen de que de alguna manera somos mejores que los demás.

Para los que siempre nos portamos bien y nunca esperamos recompensas de más, eso no vale nada,  pues el reconocimiento venido de la gente que realmente no nos conoce no vale, es parte de un sistema hipócrita de acciones repetitivas y tradiciones anquilosadas, que se lava en salud con algún pedazo de papel o un pedazo de metal, sin importarle realmente la historia de quien lo gano, porque en general es como el premio que se le da a un cachorro por dejar de hacerse pipi en el tapete, por otro lado el reconocimiento de la gente que nos conoce, pero que nos reconoce solo porque tiene un beneficio ulterior tampoco es mejor, te lavan el coco, te dicen lo que quieres oír para que sigas haciendo lo que les conviene o lo que no quieren o no pueden hacer  y si eres lo suficientemente bueno, hasta pueden soportar y solapar todos tus defectos y tonterías.

Además por si eso fuera poco, conceptos como confianza, lealtad, responsabilidad, amistad, compañerismo y compromiso son tergiversados para hacernos sentir excluidos o integrados, superiores o inferiores, buenos o malos, eficientes o ineficientes, haciéndonos competitivos pero no necesariamente competentes y empeñar la vida en el intento por complacer todas estas expectativas conformadas por una simbiosis enfermiza, por un toma y daca de eternos “me debes y te debo”, sin importar mucho el deber original y a costa de todo.

A lo largo de la vida esos falsos reconocimientos, trofeos, medallas, placas en algún edificio, notas en algún periódico etc., se olvidan y a través del tiempo solo nos sirven como suvenires de nuestra propia vida, recuerdos arrumbados o exhibidos en algún lugar para ver lo que fuimos y darnos cuenta de todo lo que invertimos para conseguirlos, para que de todas maneras llegue el día en el que a nadie le importe un pepino.

De qué sirve tener un papel que diga que somos los mejores si tarde o temprano eso va a caducar, de que sirve creer que somos indispensables porque alguien más lo diga o por mera arrogancia si a la menor provocación y por cualquier viento en contra mas allá de las palabras, te das cuenta de que en el fondo, eso no es cierto, porque realmente todos somos desechables cuando ya no somos útiles y a la hora de ponernos la pijama de madera, nos vamos sin nada; sin más, la vida sigue y el mundo sigue girando.

La sociedad nos decepciona una y otra vez, y cada vez menos gente hace las cosas sin esperar nada a cambio, por el simple hecho de que es nuestro deber o por sentirse bien con uno mismo y de manera integral,  el único reconocimiento que importa es aquel que es silencioso, una sonrisa, un gracias, un te ayudo, tocar una vida para bien, momentos en familia cosas así.
 
La vida es mucho mas que una eterna competencia
 

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