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4 de junio de 2008

Caperulencha Roja


Había una vez una niña muy bonita.

Su madre le había hecho una capa roja para que no se le perdiera por que la señora era medio ceguetas y bien despistada y la muchachita que se le notaba la lenches la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperulencha Roja.


Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado de la ciudad, recomendándole que no se entretuviese por el camino, por que el metro y los micros se ponían muy peligrosos, depuse de las 9:00 ya que por la casa de la abuelita siempre andaba acechando por allí el lobo, un malandro de la colonia doctores que se dedicaba a robar auto partes.


Caperucita Roja recogió los toper’s con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar media ciudad para llegar a casa de la Abuelita, (todo por unos mondrigos pasteles) pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, (unas quimeras que se ponian en eje 5 a levantar taxistas) las ardillas, (unas viejas que se la pasaban hablando mal de sus ex) y más animalitos de la ciudad.


De repente vio al lobo, las malas lenguas, decían la tenia enorme.


- ¿Adónde vas, niña?- le preguntó el lobo con su voz ronca.- A casa de mi Abuelita- le dijo Caperulencha- No está lejos- pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.
Caperulencha puso sus toper’s en la banqueta y se entretuvo tragándose unos tacos de canasta.


- El lobo se ha ido –pensó- -, no tengo nada que temer.


La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve unos tacos de canasta además de los pasteles.
Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperulencha.


El portero de la vecindad donde vivía la abuelita (y que le echaba ojitos a la misma) que pasaba por allí había observado la llegada del lobo. El lobo encerró a la abuelita en un armario y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperulencha Roja llegó enseguida, toda contenta.


La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada, hace mucho que no veía a su abuelita y además como que los tacos le habían caído mal y sentía que estaba viendo visiones.


- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!

- Son para verte mejor- dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.

- Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!

- Son para oírte mejor- siguió diciendo el lobo.

- Abuelita, abuelita, ¡qué tienes allí, debajo de la cobija

- Es para co,gerte mejoooor,

y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y le dijo ...


-Mira caperulencha ... ya sé que dicen que te gustan las viejas .. pero pues la neta no haz encontrado al hombre de tu vida ... ese que te haga sentir, y ese soy yo te lo puedo garantizar
la caperulencha penso ... otro buga pendejo


Mientras tanto, el portero de la vecindad (gerontofilico)se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo,(pensó que quería con la abuelita el pobre iluso) decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita.


Pidió ayuda al mecánico de la esquina y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, tratando de echarse al plato a la caperulencha El portero sacó su bat como el que usan los microbuseros y le dio en la cabezota y el mecánico reconoció al malandro que le había robado las calaveras al coche de uno de sus clientes y entre los dos le pusieron una madrina.


La Abuelita y Caperulencha estaban a salvo.Para castigar al lobo buga feroz, el portero le dijo al mecánico; que era medio sádico que podía hacer con él lo que quisiera. Cuando el lobo despertó de la madrina que le pusieron, estaba amarrado de pie, casi desnudo y con una bola roja en la boca, después de 2 semanas de sexo violento, como que le agarro el gusto y ahora vive con el mecánico (el lobo le ayuda a desarmar las piezas)


En cuanto a Caperulencha y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperulencha Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino.


De ahora en adelante, solo hablaría con desconocidas y ya no comería tacos de canasta en la calle, además le dijo a su mama que le diera a su abuelita el teléfono del súper a tu casa y que cuando quisiera pasteles hablara allí, por que eso de atravesar la cuidad para eso era una perdida de tiempo.


tantan

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